cuerpos de adobe

‘Cuerpos de Adobe’ retrata a gente como…

Gabi y Paula, obligados por la crisis y una hipoteca inasumible a regresar a Argentina, su país de origen.

Bárbara ve próximo el regreso a casa de sus padres en Salamanca al no poder hacer frente al pago del alquiler de una habitación en Madrid.

Carmen y Emi han tenido que redistribuir su piso para ofrecer a sus hijos el espacio que la ciudad no les brinda.

Fátima, víctima de una estafa hipotecaria y obligada a poner en venta su casa.

Lola, periodista y madre de dos hijos, ha tenido que buscar una vivienda más económica para afrontar la crisis.

Silverio, una vez jubilado, ha regresado al sitio donde más cómodo se siente: su pueblo.

Willow, okupa por necesidad e ideología, ha hecho del autoabastecimiento su forma de vida por medio de pequeños huertos urbanos.

Koldo lleva toda una vida trabajando en conflictos sociales de los demás, sacrificando en gran parte su propio espacio en una ciudad en la que como él dice “no hay cabida”.

Una mala gestión urbanística ha dado al traste con el sueño de Laura de poseer una casa. Su búsqueda de espacio ahora pasa por la autoconstrucción como solución al conflicto.

A sus 26 años Irene ve lejana la posibilidad de salir del hogar de sus padres, un espacio al que ella ya no debería pertenecer por edad y por preparación.

Tanto María como Sergio echan de menos el calor humano que no encuentran ni siquiera entre sus propios vecinos en un espacio de cemento que definen como frío.

Y hasta nosotros mismos. Todos compartimos una realidad: la ciudad aprieta.

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