Pedro Guerra. 20 años L8

“Año 1982. Todavía en la cola para entrar, escucho los acordes de una guitarra y una voz que canta: El hombre se hizo siempre de todo material. Plaza de Toros de Tenerife. Silvio. Una voz y una guitarra: El tiempo esta a favor de los pequeños, de los menudos, de los olvidados.
Año 1983. Comencé a cantar. Una voz y una guitarra. Ese formato parecía tener fecha de caducidad; o quizá se abría un paréntesis que aislaba, momentáneamente, todo el hastío de una generación.
Año 1985. Como una forma de crear espacio entre el hastío, nace el Taller Canario de Canción: cantautores que buscan amparo en los arreglos y la instrumentación. La guitarra como un corazón que debe latir y late en el centro de algo más. Trío Eléctrico que se propone atravesar el puente y cerrar el paréntesis.
Año 1986. Silvio regresa acompañado de una gran orquesta: sintetizadores, percusión y metales. La guitarra se escucha poco y lejos; un corazón que debe latir, pero no late.
Año 1988. Estadios abarrotados. Voz y guitarra. Tracy Chapman canta: Don’t you know, they’re talkin ‘bout a revolution it sounds like a whisper. Algo sucede: una brisa que apenas si mueve las hojas de los árboles, los balancea, les roba el aroma y lo encierra en el aire. Todavía es pronto, pero algo sucede.
Año 1993. La economía española atraviesa uno de los momentos más difíciles de las últimas décadas. Se habla de crisis y nosotros retomamos la voz y la guitarra para compensar la escasez de trabajo. Al fin y al cabo, cuando tan solo se tiene la voz y una guitarra, no queda más remedio que cantar, así sin más, sin artificios, sin máscara y en cualquier lugar.
Si has tocado en un grupo, de alguna manera, has convivido en torno al fuego de un hogar. Comenzar a cantar solo, supone abordar el espacio abierto de las inseguridades, la mirada clavada en el suelo, que se resiste a mirar al frente, andar a dos patas y atravesar el desierto; donde al final, dicen, hay un horizonte.
Año 1993. Madrid. Hubo otros lugares, pero el Café Libertad 8 propició el auténtico milagro: los ojos que se incorporan, lentamente, porque sienten otras voces solapadas a su propia voz. Los ojos que permanecen abiertos, observando a los demás que también cantan, aprenden, comparten: Aquí hace menos frío que en la calle, hay leña para el fuego…
Año 1993. Madrid. Voz y guitarra. Nos basta así.
Como diría Jorge Drexler: Aprendí a burlar cerrojos, a cantar desde los ojos, a mirar desde las manos.
Año 2013. Madrid. Café Libertad 8. Voz y guitarra.
Así nos basta”.

Pedro Guerra

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