Cuerpos de Adobe

Dos fotógrafos, Lua Fischer y Daniel Merino, una de las mayores crisis económicas de la historia del país donde viven y una ciudad: Madrid.
La búsqueda que cada uno tiene por su espacio vital y lo difícil que es conseguirlo cuando se vive en una gran urbe, es el hilo conductor del proyecto.
15 personas fueron retratadas solas o con sus famílias. Todas tenian algo en común: un conflicto con relación al espacio en la ciudad.

‘Cuerpos de Adobe’ retrata a gente como…

Gabi y Paula, obligados por la crisis y una hipoteca inasumible a regresar a Argentina, su país de origen.
Bárbara ve próximo el regreso a casa de sus padres en Salamanca al no poder hacer frente al pago del alquiler de una habitación en Madrid.
Carmen y Emi han tenido que redistribuir su piso para ofrecer a sus hijos el espacio que la ciudad no les brinda.
Fátima, víctima de una estafa hipotecaria y obligada a poner en venta su casa.
Lola, periodista y madre de dos hijos, ha tenido que buscar una vivienda más económica para afrontar la crisis.
Silverio, una vez jubilado, ha regresado al sitio donde más cómodo se siente: su pueblo.
Willow, okupa por necesidad e ideología, ha hecho del autoabastecimiento su forma de vida por medio de pequeños huertos urbanos.
Koldo lleva toda una vida trabajando en conflictos sociales de los demás, sacrificando en gran parte su propio espacio en una ciudad en la que como él dice “no hay cabida”.
Una mala gestión urbanística ha dado al traste con el sueño de Laura de poseer una casa. Su búsqueda de espacio ahora pasa por la autoconstrucción como solución al conflicto.
A sus 26 años Irene ve lejana la posibilidad de salir del hogar de sus padres, un espacio al que ella ya no debería pertenecer por edad y por preparación.
Tanto María como Sergio echan de menos el calor humano que no encuentran ni siquiera entre sus propios vecinos en un espacio de cemento que definen como frío.
Y hasta nosotros mismos. Todos compartimos una realidad: la ciudad aprieta.

Hechas las tomas, las fotos impresas en tamaño real, fueron pegadas a las paredes de un barrio derruído y despoblado de Tabanera de Cerrato, Palencia. Un barrio abandonado fue repoblado y un nuevo espacio poético fue regalado a esta imágenes, que al ser “refotografiadas” en el nuevo lugar, salieron del aprieto, hacia la amplitud.
Dos años después regresamos y pudimos disfrutar del espectáculo de ver como nuestra obra efímera se había degradado y como se había integrado con el espacio

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